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miércoles, 14 de febrero de 2018

EX-100. El viaje de Cáceres a Badajoz

Pues eso, que me he lanzado... y estáis invitados a la puesta de largo. Con la excusa del trayecto entre Cáceres y Badajoz, os invito a dar un paseo fascinante que permite disfrutar de la sierra, de la dehesa y del llano, y contemplar numerosas especies de fauna y flora. Un  rato para encontrarse con reyes, guerreros, monjes, bandoleros y contrabandistas; personajes de fama mundial y seres anónimos que habitaron castillos, palacios, cortijos y chozos. Historia y leyenda. Un viaje para cruzar arroyos, ríos y canales; vías pecuarias y calzadas romanas; pueblos, cotos de caza y espacios naturales; yacimientos prehistóricos, romanos, árabes y cristianos, medievales y modernos; y campos de batalla y contemplar monumentos, obras de arte, usos y costumbres tradicionales, arquitectura popular e industrial...


Os invito a recorrer y vivir el camino; a descubrir y disfrutar de la naturaleza, la historia y la cultura de Extremadura. Estas páginas tratan de convertir un desplazamiento rutinario en una pequeña odisea en la que degustar la esencia de aquellos antiguos viajes que discurrían por caminos largos, llenos de aventuras y de experiencias enriquecedoras.

Hazte con él aquí

domingo, 14 de junio de 2015

Dehesa de Conejeros (Cáceres) 1 de 2












Al principio fueron las cigüeñas. Llegan puntualmente a su cita y recrecen los nidos que ya existen en la peculiar torre de ladrillo que veo desde mi casa asomándose entre unos pinos cercanos. Después fue esta torre la que me atrajo como un imán. De vez en cuando paseo por los alrededores, donde la ciudad se convierte en campo, o al revés, y compruebo con lástima cómo la casa se rinde a los meteoros y cómo avanza la ruina, historia abandonada, en manos de los indeseables de siempre que pintan, esquilman y destruyen por el mero hecho de ratificar su estulticia. Y las ruinas -¿qué es más hermoso que las ruinas de la belleza?- atraen como la luz en la oscuridad. Lo que me lleva a los libros, como siempre.

El lugar aparece en los libros y mapas como Dehesa de Conejeros. Ésta es -era- una de esas explotaciones pecuarias que, ubicadas en el entorno inmediato de Cáceres han ido cayendo poco a poco en desuso.

Leo en el Nuevo Libro de Yerbas de Cáceres que Alfredo Villegas escribiera en 1915 –¿quién no tiene a mano un Libro de Yerbas?- que este paraje se llamaba en el siglo XVII Arenal de Francisco de Ávila. O sea, que ya existía entonces, aunque las construcciones actuales parecen ser del XIX. Cita Villegas que esta dehesa de pasto y labor de 500 fanegas, cuenta una casa con dos pisos y 15 habitaciones, tinado para 20 reses, dos cuadras, otras dos casa pequeñas para los pastores, zahúrdas para 50 lechones, una huerta de media fanega, dos cercas de seis y 12 fanegas y una charca abrevadero. Además, hay hermosas zonas de recreo, jardines, cocheras, un señorial oratorio, pozo y otra casa de cuatro habitaciones destinada a gallinero, pavera y palomar. Ahí queda eso. Y todo estaba en pleno esplendor en los años 1960.

En el conjunto actual se distinguen diversas dependencias de carácter rústico de clara orientación ganadera y otros tantos nuevos volúmenes añadidos, algunos a mediados del siglo XX, que debieron de hacer del lugar una cómoda residencia.


Dejamos para otra entrada los esgrafiados y un peculiar misterio…

domingo, 22 de marzo de 2015

Campillo, un oasis desolado (I)








El Campillo, a 20 km de Cáceres, en la carretera de Badajoz, es uno de los mejores ejemplos de arquitectura residencial decimonónica en en entorno de la sierra de San Pedro cacereña.
La casa principal, y las numerosas edificaciones destinadas a fines agropecuarios que la acompañan, fueron construidas cuando el siglo XIX tocaba a su fin en un estilo ecléctico historicista como se aprecia sobre todo en la capilla. La casa principal es un elegante edificio prismático de dos alturas. Las falsas bóvedas y los arcos apuntados que proliferan en el interior creaban un ambiente pseudomedieval. Rodeando el zaguán y acompañando a las airosas escaleras de cantería que comunican con el piso superior se conserva una bella cenefa esgrafiada. La misma técnica se emplea para inmortalizar los blasones familiares en el hueco de la escalinata.
El abandono al que ha visto sometida la propiedad, y el consiguiente el pillaje por parte de los desaprensivos habituales, han hecho estragos en el armonioso conjunto que ha acabado en la ruina en poco tiempo. Saqueadores sin escrúpulos han desmantelando cualquier elemento de valor como las piezas de forja que cerraban terrazas y ventanas, las balaustradas de la escaleras, los recercos de sillería de las puertas o los numerosos azulejos que realzaban la casa y buena parte de los elementos decorativos de alrededor. En el entorno inmediato de la casa existían amplios espacios ajardinados -a los que dedicamos la siguiente entrada  para glosar su ajada belleza decadente- de los que apenas quedan vestigios en forma de palmeras, árboles ornamentales, escalinatas o portadas decorativas. Todo un paisaje artificial muy al gusto de la alta sociedad de aquel entonces.
La capilla es una hermosa construcción con elementos goticistas, muy grande para ser una ermita de ámbito privado, de planta alargada con bóvedas de cañón apuntado, al igual que la portada de acceso. El interior aparece completamente desolado. 
Las numerosas dependencias rústicas que proliferan en el entorno, hablan de la importancia productiva de la propiedad más allá de una simple finca de recreo, con cocheras, cuadras, pajares, zahúrda, casa de guardas...
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