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viernes, 13 de noviembre de 2015

La Chicharrona y la Carvochá. Magia en Las Hurdes



Desde hace unos años la alquería hurdana de Mesegal –a medio camino entre Caminomorisco y Pinofranqueado (a cuyo concejo pertenece)– acoge cada año una de esas celebraciones cuyas raíces se pierden en lo más profundo de la tradición de Las Hurdes. 

Se trata de las fiestas de la Chicharrona y la Carvochá, que actualmente suelen celebrarse el sábado más cercano al día 1 de noviembre aunque antiguamente la Chicharrona se celebraba el 8 de diciembre, día de la Pura, y la Carvochá estaba ligada al día de Todos los Santos.



La Chicharrona (imagen superior) es uno de esos personajes míticos que pueblan la fascinante mitología hurdana. Según la tradición era una mujer de larga cabellera que, vestida con pieles de cabra y calzando las tradicionales 'cháncah', descendía de la sierra al amanecer trayendo el tiempo frío y seco. Portaba una ristra de chorizos y un zurrón con higos, castañas y nueces. Su llegada suponía el inicio de la época de matanzas, de modo que era recibida entre celebraciones por el pasacalles de Ánimas y por los vecinos que compartían comida y bebida y castañas asadas.



La fiesta se celebra en la preciosa era de Mesegal, en las mismas piedras sobre las que antaño se trillaba el cereal. En su centro se dispone el pan de ánimas, y diversas viandas como castañas, manzanas, granadas, tomates o vino.



Ya en la era, a media mañana, las comadres de Nuñomoral (imagen superior) entonan el petitorio de Ánimas, unos fascinantes cánticos cuyo origen se remonta al siglo XIII. 
Se pueden ver y escuchar en este enlace.

Y, más felices, bailando, en este vídeo.


Féix Barroso, La Chicharrona, Serafín y Nino (elegante con su fajín rojo) encabezando la comitiva festiva.


La Carvochá aglutina antiguos rituales que los hurdanos tributaban a las ánimas y a sus antepasados. Se celebraba a inicios de noviembre, cuando se honraba a los difuntos antes de que supiéramos decir jálogüin… 
Según los antropólogos está muy relacionada las festividades célticas. En Las Hurdes la muerte y los antepasados siempre han estado muy presentes. Este día las ánimas benditas se incorporan de alguna manera al mundo de los vivos. La fiesta es una mezcolanza de viejos ritos, cristianos y paganos, donde antiguas creencias conviven con aguardientes y agua bendita.



Bendición de la hoguera de Ánimas, que se enciende a primera hora y se mantiene siempre ardiendo. El "zajuril" –cuya capa esconde a José María Domínguez, uno de los mejores conocedores de la cultura popular extremeña- conjura los males del año venidero mientras se arrojan al fuego unas migas de pan, un chorro de vino, un mechón de pelos de cabra y algunas castañas. Al mismo tiempo  recita los correspondientes gorigoris y algunas frases rituales. Ya está la hoguera dispuesta para calentar la comida.
Ver vídeo


Manuel, de Cerezal, entonando una copla popular





Es una fiesta colorista y nada tenebrosa que muestra lo mejor de la comarca. Tras el petitorio comienzan los bailes y el recitar de coplas y romances entre los atávicos sones de tamboriles, gaitas y flautas.




Bendición del Pan de Ánimas, amasado con anises. Se consume de manera comunal cuando ya ha avanzado la tarde.



Manuel Guillermo Velaz, de Cerezal, Serafín Rodríguez, de Asegur, y Alfredo Sánchez, de Mesegal.



Nino, con dulzaina, y Pedro, sin gaita y con tamboril, ambos de La Huerta.



Presente y futuro de los tamborileros hurdanos. Nano, de Casar de Palomero, a la izquierda, y Pablo,  de Erías, sentado, toda una enciclopedia del saber popular. 
Pincha para ver el vídeo



La Chicharrona y el Chicharrón, encarnado por Cecilio Mahíllo, actor teatral, prestigioso artesano y miembro de un grupo folklórico de Ahigal. Capaz de improvisar actuaciones como esta.
Aquí los puedes ver bailando



La flauta y el tamboril de tío Alfredo. Hecho con la piel de una cabra vieja.



Esta fiesta entraña un recuerdo a los antepasados y trata de contentar a las ánimas benditas, que se entiende presentes en la era. Por eso se come, se bebe, se canta y se baila, para agradar a las ánimas (que comen y beben por boca de los presentes) y que no vengan a molestar en las largas noches de invierno.





Por la tarde aparecen otros personajes. Es el turno del Animeru que lleva un saco de castañas y las arroja gritando: "¡Castañah pa lah ánimah bendítah". Me cuentan que antiguamente lo acompañaba un compañero que portaba una esquila y un cirio. Y los Calabazones ("lob calabazónih" –dice tío Alfredo), vestidos de negros y una calabaza en la cabeza, que saltan y bailan por la era. El Cenizu es un personaje estrafalario, de aspecto tétrico que, con un tizón apagado o un corcho quemado, pinta cruces sobre la frente de los asistentes.




Y por la noche, al calor de la hoguera, se forma el corro de las Ánimas y se celebra la Carvochá o gran asado de castañas...




Casi todo lo escrito se lo debo a Félix Barroso, hurdanófilo confeso, y autor intelectual de tantos eventos como este. Y a Ana y Fernando Pulido, almas de la fiesta y de la tradición. 
No hay palabras para describir la hospitalidad de los vecinos de Mesegal.

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