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miércoles, 12 de abril de 2017

Medusa y medusas en Extremadura


En la versión más conocida del mito clásico Medusa era un monstruo y una deidad protectora. Tenía un aspecto tan terrible que convertía en piedra a quien la mirase fijamente. Ovidio cuenta que era una mujer de exuberante belleza que por esas cosas que solían ocurrir en la mitología acabó transformada en una criatura monstruosa, al igual que sus hermanas Gorgonas –Esteno y Euríale– todas convertidas en seres despiadados de manos metálicas, colmillos afilados y frondosas cabelleras formadas por serpientes venenosas.


Perseo con la cabeza de Medusa. Detalle de la famosa escultura de Benvenutto Cellini en Florencia


Medusa murió a manos del héroe Perseo (imagen superior) que contó con la ayuda de su padre Zeus y de otros dioses: Atenea le entregó un escudo pulido como un espejo, Hermes le obsequió con una hoz de acero y unas sandalias aladas y Hades le cedió un casco que hacía invisible a su portador. Con todos estos pertrechos logró Perseo cortar la cabeza de Medusa. Con el preciado en su poder Perseo pudo rescatar a Andrómeda de los dominios de un monstruo marino y convirtió en piedra a Atlas, el gigante que sujetaba el cielo y la tierra, transformándolo en la cordillera norteafricana que lleva su nombre. Posteriormente Perseo ofreció la cabeza a la diosa Atenea quien la colocó en su escudo, la égida. Esta imagen se ha convertido en un motivo representado en innumerables obras de arte desde la antigüedad hasta nuestros días; un rostro que se imaginaba monstruoso en la antigua Grecia y que a partir del siglo V empezó a figurar con un semblante sereno y hermoso, mas terrorífico por la leyenda y la temible orla de serpientes que lo enmarca. El motivo sigue siendo muy conocido en la actualidad en el arte y en la moda desde que el diseñador Gianni Versace lo convirtiera en emblema de su imperio de alta costura.    














El poder simbólico de Medusa comienza con la cabeza cortada. Esta imagen de la cabeza separada del cuerpo con feroces serpientes en lugar de cabellos se conoce como gorgoneion. Desde hace cientos de años se dispone en amuletos, puertas, paredes, suelos, monedas, escudos o corazas con el fin de alejar el mal. Aparece en el arte y en la literatura desde tiempos de Homero que ubica «la cabeza de la Medusa, monstruo cruel y horripilante» en la égida de Zeus y en el escudo de Agamenón: «coronado por la Medusa, de ojos horrendos y mirada siniestra» (Ilíada XI, 35). El mito aparece en todo su esplendor en las obras clásicas y en una  largo etcétera que incluye a los más reputados artistas, literatos y filósofos de todas las épocas desde Dante o Petrarca, hasta Sartre o Marx, pasando pasando por Leonardo, Goethe, Shelley, Nietsche o Freud.





La égida o escudo de Atenea con la terrible imagen de Medusa


El atávico símbolo asimilado por la mitología clásica pasó de Grecia a Roma para extenderse por el mundo conocido. La inefable imagen llegó a Hispania para ser ubicada en objetos propiciatorios y lugares que requiriesen protección. La cabeza de Medusa es una imagen de efecto apotropaico, aquello que psicológicamente tiene que ver con la represión de lo malo, como un tabú o un amuleto. La superstición dota a determinados símbolos, actos, objetos o expresiones de un supuesto poder protector. Hoy se dice ¡Jesús! tras estornudar igual que hay quien toca madera o se protege del mal de ojo.




Restos del Foro Municipal de Augusta Emerita con los clípeos de Jupiter y Medusa.


El mejor ejemplo de la Medusa mitológica en Extremadura data del siglo I. Fue entonces cuando se dispuso su figura sobre el pórtico que delimitaba por tres de sus lados el imponente Foro Municipal de Emerita Augusta. Se trataba de proteger de cualquier mal ese amplio terreno rectangular delimitado por una elegante fachada de mármol. El pórtico estaba formado por un monumental ático de orden corintio decorado con clípeos en los que se alternaban las figuras de Medusa y de Júpiter–Amón separados por canéforas a modo de pilastras ornamentales. Esta decoración está relacionada con la del foro de Augusto en Roma. Actualmente sólo se conserva la esquina noreste, cerca del templo de Diana (Imagen superior). Estos restos incluyen réplicas de los clípeos o grandes medallones decorativos. Los originales, con la cabeza de Medusa, se conservan a poca distancia, en el lugar más preeminente del Museo Nacional de Arte Romano.




La presencia de Júpiter obedece a su carácter guerrero y a su ascendencia sobre los militares romanos. Por otro lado, la representación de Medusa tiene un evidente carácter apotropaico. Los dos símbolos son elementos decorativos y sagrados. Augusto pretende proteger su espacio con todo lo que tenía a su alcance: armas y creencias. Además, la presencia de Júpiter–Amón representa la unión de Occidente, a través de su deidad suprema Júpiter, y de Oriente, con su divinidad más relevante, Amón (que Júpiter presente cuernos de carnero lo dejamos para otra entrada). Algunos especialistas hacen otra lectura más de este esquema decorativo, entendiendo las representaciones de Júpiter–Amón como el mundo de las luces, por la vinculación de Amón con el astro sol, y relacionando a Medusa con la oscuridad y las tinieblas. Se trataría de un reflejo de la polaridad cósmica entre lo de arriba y lo de abajo. Lo cierto es que la efigie de Medusa encajaría adecuadamente en este espacio, ya que aludiendo a sus poderes míticos, aquel que contemplase este inmenso e impresionante complejo arquitectónico debía quedar petrificado. La presencia de Júpiter obedece a su carácter guerrero y a su ascendencia sobre los militares romanos. Por otro lado, la representación de Medusa tiene un evidente carácter apotropaico. Los dos símbolos son elementos decorativos y sagrados. Augusto pretende proteger su espacio con todo lo que tenía a su alcance: armas y creencias. Además, la presencia de Júpiter–Amón representa la unión de Occidente, a través de su deidad suprema Júpiter, y de Oriente, con su divinidad más relevante, Amón (que Júpiter presente cuernos de carnero lo dejamos para otra entrada). Algunos especialistas hacen otra lectura más de este esquema decorativo, entendiendo las representaciones de Júpiter–Amón como el mundo de las luces, por la vinculación de Amón con el astro sol, y relacionando a Medusa con la oscuridad y las tinieblas. Se trataría de un reflejo de la polaridad cósmica entre lo de arriba y lo de abajo. Lo cierto es que la efigie de Medusa encajaría adecuadamente en este espacio, ya que aludiendo a sus poderes míticos, aquel que contemplase este inmenso e impresionante complejo arquitectónico debía quedar petrificado.


Representaciones menores del mito se encuentran en los relieves de espadas, cascos y corazas musculadas que formaban parte de la ornamentación del teatro de Mérida. También se encuentra el enigmático rostro de Medusa, alternando con motivos vegetales, acantos y palmetas, en el friso que decoraba los dinteles de mármol del antiguo templo de Marte, que hoy forman el llamado Hornito de Santa Eulalia. Un detalle que no se escapa a mi amigo Samuel y que ilustra y describe mejor que yo AQUÍ. Como se ve en sus imágenes, las cabezas están inscritas en círculos y muestran un rostro muy redondeado, con la nariz ancha y plana y boca de labios cortos y apretados. Los ojos son muy expresivos, desorbitadamente abiertos, inmóviles y mirando fijamente al frente. El iris está perforado para representar la pupila algo lo que data el conjunto en una fecha posterior al año 150 d.C. El cabello se ha tallado con minuciosidad, con aspecto enmarañado y revuelto como corresponde al gorgoneion.


El llamado Hornito de Santa Eulalia (Imagen de Samuel Rodríguez)


Medusa grabada en una coraza romana que puede contemplarse en el Hornito de Santa Eulalia



Otros lugares y diversos objetos recrean el mito de Medusa en Augusta Emerita. Entre los mosaicos destaca uno que fue sacado a la luz en 2008 con motivo de las obras de rehabilitación que realizaron en el antiguo hemiciclo de la Asamblea de Extremadura. Bajo el suelo del edificio se encontró una amplia estancia de época romana, de unos 33 m2, tapizada por un gran un mosaico polícromo decorado con motivos geométricos y figurados. La obra, datada a inicios del siglo III d.C., apareció muy alterada. El mosaico presenta una composición simple con un tapiz que enmarca una composición cuadrangular mediante un borde de nudos entrelazados elaborados con teselas de diferente color, que encuadra a su vez a motivos geométricos. En el centro se dispone un gran círculo en cuyo interior hay otros ocho de menor tamaño. En cuatro de los cinco círculos que se han podido identificar aparece la cabeza de Medusa acompañada de algunas aves y ornamentación vegetal. Probablemente el héroe Perseo aparecería en el centro de la escena, aunque su imagen ha desaparecido por el paso del tiempo o por la acción de los árabes, contrarios a la representación de la figura humana, que en su momento habitaron el edificio y usaron esta sala como un almacén. Afortunadamente la intervención arqueológica practicada en la Asamblea tuvo especial interés en integrar los restos para que puedan ser disfrutados por los visitantes. El espacio que ocupaba el antiguo hemiciclo fue remodelado y reconvertido en un espacio multiusos, la sala de la Autonomía, bajo cuyo suelo de cristal sigue acechando la temible faz de Medusa.




Mosaico de Medusa en el antiguo edificio de la Asamblea de Extremadura (Foto: HOY)



En Zoología, la imagen de la cabeza cortada y rodeada de una larga cabellera de tentáculos urticantes –serpientes– da nombre a un grupo de animales de aspecto gelatinoso, casi transparentes, que flotan por los mares del mundo y que, con cierta imaginación, podrían asimilarse a una cabeza con larga melena, aunque nada tienen que ver con el mito. Lo que popularmente se conoce como medusas no es un concepto taxonómico sino morfológico. Se trata de las una de las dos formas de organización que caracterizan a unos animales acuáticos que la ciencia incluye en el filo Cnidaria formado por diez mil especies de medusas, anémonas y corales. Las medusas están compuestas en su mayor parte por agua. Son animales de simetría radial y consisten en poco más que una cavidad rodeada por dos capas, una interna y otra externa, con un único orificio de entrada y salida. Su origen se remonta más de quinientos millones de años atrás. Conservan una anatomía muy simple, con forma de seta o paraguas abierto de cuyo borde cuelgan tentáculos muy variables en número y en cantidad. Internamente cuentan con un sistema digestivo similar a un mero saco y un sistema nervioso rudimentario con elementales órganos del equilibrio y células fotosensibles que informan sobre la composición y temperatura del agua. Para desplazarse se impulsan por contracciones de su cuerpo, absorbiendo y expulsando agua. La característica más conocida de las medusas es el poder urticante de sus tentáculos del que deriva su nombre científico (del griego cnida, ortiga). Lo que supone una molestia para los bañistas en algunas playas es en realidad la eficaz herramienta empleada por estos animales para defenderse y capturar a sus presas. Se trata de un sistema exclusivo, tan simple como eficaz, consistente en unas células especiales (cnidocitos) que segregan sustancias urticantes y cuentan con un orgánulo característico (nematocisto) similar a una cápsula doblada hacia dentro como el dedo de un guante que alberga un filamento tensamente enrollado en su interior. Un simple roce desencadena la descarga de estos filamentos, cubiertos de espinas microscópicas, que salen disparados como arpones diminutos para clavarse en la piel de la víctima inyectando toxinas cuyo efecto varía enormemente según los casos. La inmensa mayoría no son peligrosas para los seres humanos. Las hay que pueden provocar cierto escozor al rozarlas incluso aunque el animal lleve un tiempo muerto. Otras cuentan con venenos de acción hemolítica o miolítica considerados entre los más tóxicos del mundo animal, como la carabela portuguesa (Physalia physalis) cuyas picaduras son dolorosas pero rara vez mortales, o la cubomedusa australiana Chironex fleckeri, la avispa de mar, considerado uno de los animales más peligrosos del planeta. No convierte en piedra a quien se le aproxime pero es lo suficientemente terrible para mantener vivo el mito de la Medusa mitológica.    


                          Avispa de mar (Chironex fleckeri)


Carabela portuguesa (Physalia physalis)


El tamaño y la morfología del millar de especies de medusas repartidas por los océanos también varían en gran medida. Algunas apenas miden 1 mm mientras que otras son enormes, como las medusas gigantes japonesas (Nemopilema nomurai) que superan los 2 m de diámetro y 200 kg de peso, o la melena de león ártica (Cyanea capillata) con tentáculos de más de 30 m de longitud.



         Nemopilema nomurai                                        Cyanea capillata (Imágenes de Wikipedia)


Casi todas las medusas viven en el mar, pero también podemos encontrar algunas especies de agua dulce. Una de ellas habita en Extremadura. Se trata de una pequeña medusa denominada Craspedacusta sowerbii (Hydrozoa, Olindiidae). Una de las primeras cita de la especie en Extremadura se debe a un equipo de biólogos de la Universidad de Extremadura que estudiaron los hábitos alimenticios y la estructura de una población hallada en el pantano de Proserpina, apenas a cinco kilómetros de las mitológicas criaturas descritas en Mérida.



Ejemplar de Craspedacusta sowerbii en el pantano de Proserpina. (Foto: Ricardo Morán)




Además de una exótica curiosidad de nuestras aguas, C. sowerbii es en realidad una especie invasora que en el último siglo se ha expandido por casi todos los continentes. Los primeros ejemplares descubiertos en Europa se encontraron en los estanques de lirios de agua del antiguo jardín botánico de Regent’s Park en Londres en 1880. Se creía que procedían de Suramérica pero realmente son originarias del río Yangtzé en China. La especie fue determinada el 17 de junio de 1880 por el zoólogo británico Edwin Ray Lankester (1847–1929), catedrático de zoología de la Universidad de Oxford y director del Museo de Historia Natural de Londres. Sir Lankester describió no sólo una nueva especie, a la que bautizó con el nombre de la persona que la avistó primero, Mr. Sowerby, sino todo un género que denominó Craspedacusta, del griego kraspedon (borde, fleco) y kystis (vejiga, bolsa)­. A partir de esa fecha se comprobó que C. sowerbii se había extendido por buena parte de Europa y del resto del planeta donde se ha convertido en una especie invasora, es decir, una especie de origen exótico que llega a reproducirse y expandirse por ecosistemas que no corresponden a su distribución geográfica original. Las especies invasoras se han convertido en uno de los mayores problemas para la conservación de la diversidad biológica a nivel global.



Sir Edwin Ray Lankester (1847–1929), catedrático de zoología de Oxford y director del Museo de Historia Natural de Londres




La única especie de medusa silvestre que podemos encontrar en las charcas y pantanos de Extremadura es un animal de pequeño tamaño que en nuestras aguas oscila entre 7 y 21 mm de diámetro. Tiene aspecto traslúcido con tonalidades blanquecinas, no en vano el cuerpo de algunos ejemplares está formado por agua en un 99,8%. Los tentáculos varían en tamaño y cantidad (50–500), los más largos actúan como estabilizadores durante sus desplazamientos y los más cortos se destinan a la captura del alimento para lo que están dotados de nematocistos. Además cuentan con cuatro gruesos tentáculos que coinciden con los canales radiales. C. sowerbii frecuenta estanques de aguas templadas y poco profundas donde forma pequeños grupos. A pesar de su aspecto inofensivo, en su pequeño mundo actúan como depredadoras. Se alimentan de zooplancton (principalmente cladóceros, rotíferos y copépodos). Que no cunda el pánico porque es inofensiva para las personas pues sus minúsculos nematocistos no pueden penetrar la piel humana. Esta especie alterna la forma de pólipo –permanentemente fija sobre un sustrato– con la de medusa, de vida libre. Habitualmente los pólipos forman pequeñas colonias casi invisibles de 5 a 8 mm de longitud de las que se desprenden las medusas, que corresponden a la fase de actividad reproductora. Los pólipos son similares a corales o anémonas diminutas y pueden multiplicarse de forma vegetativa. Al madurar, y por reproducción asexual, liberan unos discos indiferenciados que se desgajan de la parte superior. Una vez libres estas formas pueden convertirse en medusas, animales libres y sexuados que flotan en el agua, se alimentan y se reproducen. La mayoría de sus poblaciones son estrictamente masculinas o femeninas. En el caso de Proserpina son todas hembras. Apenas se hacen visibles los días soleados de verano cuando suben a la superficie. Es habitual que un año sean muy abundantes y luego desaparecen durante varios años.

Hasta el momento no se ha documentado ningún efecto apreciable de la especie sobre otras poblaciones silvestres o los intereses humanos. No obstante, al tratarse de una especie exótica siempre hay que tener en cuenta que puede causar algún tipo de efecto –tan imperceptible como imprevisible– sobre las comunidades autóctonas. De momento su presencia es conocida y aceptada pero no es objeto de ninguna atención ni acción al respecto.

La espiritualidad antigua vio en la medusa, que se deja llevar por los caprichos de las aguas sin reaccionar contra ellas, el emblema del abandono del alma perfecta a los designios de la Providencia que en la tierra regula por nosotros la adversidad y la quietud, la calma y la tempestad.

Antaño en el arte y hoy a través de invasiones biológicas, la presencia en Extremadura de la Medusa mitológica y de la medusa de agua dulce sirven para ilustrar la globalidad y la perpetua existencia de vías de transmisión de ideas y formas de vida desde la Antigüedad hasta nuestros días.



Para saber un poco más, o profundizar en las bases documentales que iluminan este trabajo, se puede consultar este artículo algo más completo en la Revista de Estudios Extremeños.



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