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domingo, 6 de marzo de 2016

Hijovejo (La Serena), cuando los cíclopes habitaban en Extremadura


El yacimiento romano de Hijovejo se levanta apenas a cuatro kilómetros de Quintana de la Serena, a pocos metros de la carretera que une esta localidad con Valle de la Serena. Es el más notable de los numerosos edificios de origen romano que jalonan la comarca aledaña a los cauces de los ríos Ortiga y Zújar, donde se han localizado más de treinta construcciones que controlaban la estratégica frontera del valle del Guadiana hace dos milenios. Es una muestra más de los continuos avatares bélicos de la etapa republicana en Extremadura, cuando invasores y tribus locales pugnaban por controlar la riqueza minera de la zona.

El vetusto conjunto se enmarca en el período de transición entre la Edad del Hierro y la romanización de La Serena, entre el siglo I a.C. y I d.C. En su origen se levantó un recinto reducido que fue ampliándose posteriormente. Hijovejo fue descubierto por Juan Casco Arias, médico de Quintana de la Serena y aficionado a la arqueología, en 1961.

Las ruinas nos muestran un recinto-torre de planta regular con varias construcciones adosadas. Se conserva un espectacular alzado de aparejos ciclópeos que en su momento conformaría el zócalo de una construcción de tapial, madera y adobe que ha desaparecido por completo.



Hijovejo es uno de los conjuntos arqueológicos ciclópeos más representativos de la Península. Se levanta sobre un canchal de granito formado por varios bolos que los romanos usaron como base, para ahorrarse los cimientos y dotar de cierta altura al edificio. Estas enormes piedras destacan en un conjunto que parece construido por gigantes, como aquellas murallas minoicas que se atribuían a los cíclopes. 


El ciclopeísmo se caracteriza por el uso de grandes bloques (si algo sobra en la zona es granito de buena calidad) apenas desbastados a los que apenas se les prepara la cara que quedaba a la vista. Los bloques se calzaban con ripios y cuñas (imagen superior)


En su interior se puede deambular por una serie de habitáculos de pequeñas dimensiones que se destinarían a labores de vigilancia y almacenamiento. Los especialistas sugieren que esta torre hacía labores de almacén al tiempo que formaba parte de un complejo sistema de comunicaciones basado en el fuego, como una torre de señales.


Se  conserva la puerta de acceso a una de las habitaciones de la parte norte. Cuenta con un dintel formado por un gran bloque de granito (166x55 cm) que se sostiene sobre los grandes muros de un metro de espesor.



En la parte norte se levantó un bastión (imagen superior) con el fin de proteger el manantial subterráneo (imagen inferior) que aseguraba el suministro de agua al conjunto.







La cámara principal es una estancia rectangular (310x540 cm). El suelo está formado por una lancha de granito en cuyo centro se dispuso una pilastra de mayor altura de la actual que sostenía la techumbre de madera.



El relieve de la imagen superior es un importante elemento iconográfico que arroja cierta luz sobre la historia del yacimiento. En el enorme bloque de piedra que sirve de esquina para esa estancia se labraron tres escudos que ponen de manifiesto el eminente carácter militar de la construcción. Se distinguen dos pequeños escudos circulares, caetrae, y otro más grande de forma oval con un refuerzo central, spina, bien marcado (scutum). Se trata de elementos usados por las poblaciones indígenas que a la postre fueron dominadas por los romanos. Pero está claro que los lusitanos tuvieron que desempeñar un importante papel en la construcción de la torre.




Aunque he preferido no reflejarlo en las imágenes, la zona se ve amenazada por un incomprensible proceso de urbanización, con parcelas y casas de recreo a poca distancia, que degrada el entorno de un monumento milenario.

Hay que decir que el yacimiento está bien explicado en diversos carteles informativos. Si bien se echa en falta alguna imagen que reconstruya cómo era en su origen, algo que enriquecería la visita. Más información se ofrece­­ en el centro de interpretación ubicado en la antigua casa de la Posada en Quintana.


Esta entrada, y el enriquecedor paseo por la comarca, debe mucho a mi amigo Jesús, comendador de los Extremos del Duero.

2 comentarios:

  1. Interesante aportación sobre este rinconcito de Extremadura, Guijo Viejo, y muy buenas fotos. Y eso que el tiempo no acompañó.

    Un abrazo. (recuerda que todavía quedan cosas por descubrir en La Serena y que queda pendiente también el Arca del Agua)

    El Comendador

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