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viernes, 7 de noviembre de 2014
Vía Láctea, el alimento de Hércules
El cielo sobre el río Ayuela, cerca de Cáceres, una de estas noches sin luna cuando el otoño parecía verano (Cáceres, octubre 2014)
Ajenas a la inabordable belleza que las rodea, un grupo de ovejas duerme bajo una encina hasta que el impertinente fotógrafo las deslumbra con su linterna para resaltarlas en la imagen
La espectacular Vía Láctea sobre el cielo de Extremadura, entre Mérida y Cáceres una noche de octubre de 2014.
Yo iba buscando castillos con cielos estrellados (que dejamos para otra ocasión) pero acabó cautivándome el espinazo del cielo. Ya sabéis, el que se formó cuando la diosa Hera derramó la leche que pretendía mamar un bebé llamado Hércules. Despechada por el fruto de una aventura -otra más- de su casquivano esposo, Zeus, que se las apañó -como siempre- para yacer con una hermosa mortal como Alcmena, hija del rey de Micenas. De esa unión adúltera y fugaz nació Heracles, Hércules para los latinos como nosotros. Para intentar conseguir la inmortalidad, el pequeño debía mamar del pecho de Hera, quien no estaba dispuesta a prestarse a tal cosa ante un simple bebé mortal que encima era hijo ilegítimo de su esposo. Un día, cuando Hera estaba dormida, Hermes puso al niño sobre su pecho para que tomara su leche divina pero la diosa se despertó y al descubrir al niño lo apartó tan bruscamente que la leche siguió manando de su pecho esparciéndose por el Universo...
Hércules no logró ser inmortal porque sólo era divino a medias. O sí.
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