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domingo, 22 de marzo de 2015

Campillo, un oasis desolado (I)








El Campillo, a 20 km de Cáceres, en la carretera de Badajoz, es uno de los mejores ejemplos de arquitectura residencial decimonónica en en entorno de la sierra de San Pedro cacereña.
La casa principal, y las numerosas edificaciones destinadas a fines agropecuarios que la acompañan, fueron construidas cuando el siglo XIX tocaba a su fin en un estilo ecléctico historicista como se aprecia sobre todo en la capilla. La casa principal es un elegante edificio prismático de dos alturas. Las falsas bóvedas y los arcos apuntados que proliferan en el interior creaban un ambiente pseudomedieval. Rodeando el zaguán y acompañando a las airosas escaleras de cantería que comunican con el piso superior se conserva una bella cenefa esgrafiada. La misma técnica se emplea para inmortalizar los blasones familiares en el hueco de la escalinata.
El abandono al que ha visto sometida la propiedad, y el consiguiente el pillaje por parte de los desaprensivos habituales, han hecho estragos en el armonioso conjunto que ha acabado en la ruina en poco tiempo. Saqueadores sin escrúpulos han desmantelando cualquier elemento de valor como las piezas de forja que cerraban terrazas y ventanas, las balaustradas de la escaleras, los recercos de sillería de las puertas o los numerosos azulejos que realzaban la casa y buena parte de los elementos decorativos de alrededor. En el entorno inmediato de la casa existían amplios espacios ajardinados -a los que dedicamos la siguiente entrada  para glosar su ajada belleza decadente- de los que apenas quedan vestigios en forma de palmeras, árboles ornamentales, escalinatas o portadas decorativas. Todo un paisaje artificial muy al gusto de la alta sociedad de aquel entonces.
La capilla es una hermosa construcción con elementos goticistas, muy grande para ser una ermita de ámbito privado, de planta alargada con bóvedas de cañón apuntado, al igual que la portada de acceso. El interior aparece completamente desolado. 
Las numerosas dependencias rústicas que proliferan en el entorno, hablan de la importancia productiva de la propiedad más allá de una simple finca de recreo, con cocheras, cuadras, pajares, zahúrda, casa de guardas...

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